Mucho se ha dicho ya sobre las conversaciones entre la iglesia católica cubana y el gobierno de Raúl Castro sobre cuestiones de los presos políticos cubanos. Todos los análisis que he leído o escuchado del trascendental hecho se van a los dos extremos. Los ilusorios, ven este acercamiento iglesia-estado como el primer paso para un dialogo nacional. Los escépticos, lo ven como una jugada del régimen para ganar tiempo y desviar las críticas que el régimen ha recibido por la muerte de Orlando Zapata Tamayo.
Todas estas opiniones han dejado afuera dos aspectos importantes que reflejan tanto la posición política que el régimen profesa ante los disidentes, como el oportunismo de la iglesia para jugar un papel protagónico en unos futuros cambios en la isla.
Por la parte del gobierno, Raúl Castro utilizó a la Iglesia Católica por la sencilla razón que de haber negociado con los verdaderos representantes de los presos políticos (las Damas de Blanco) le hubiera dado un carácter de legitimidad y reconocimiento político a este grupo de mujeres. Ese es un lujo que Castro no puede darse, especialmente después de gastar todas sus energías en gritar a los cuatro vientos que los disidentes son agentes extranjeros que responden a los intereses de los EE.UU.
La Iglesia Católica por el otro lado vio este “dialogo” como la perfecta oportunidad para jugar un papel protagónico en el futuro del país. Debemos recordar que por más de medio siglo, la Iglesia Católica cubana jamás alzó su voz para defender las injusticias que se cometían en contra de sus feligreses, e inclusive en contra de sus sacerdotes. Ya sea por miedo, instinto de auto preservación, y simplemente por convencía la jerarquía católica jamás criticó al gobierno de la isla, y todavía no lo hace.
Una vez más el gobierno cubano muestra su intransigencia y se niega a dialogar directamente con las victimas de su régimen. Una vez más también, la Iglesia Católica Cubana falla en responder a las necesidades de sus fieles, y le sigue el juego al gobierno castrista. No me queda duda de que si la iglesia hubiera querido realmente ayudar a los presos políticos, esta hubiera requerido que se incluyese en el dialogo a las Damas de Blanco. Pero no lo hizo, porque le hubiera quitado el protagonismo que ahora la jerarquía católica esta buscando para si.