Entre las muchas cosas que me contó mi tía sobre las cosas que están sucediendo en Cuba, hubo una que me llamó bastante la atención.
Resulta que en su cuadra, por años los chivatos oficiales del barrio (CDR) se daban a la tarea de delatar a cuanta persona veían comprando cosas en el mercado negro, o haciendo algún tipo de negocio para tratar de sobrevivir. Estos miembros del CDR tenían dos hijos varones que eventualmente crecieron, se casaron y empezaron sus propias familia. Pues bien, resulta que ahora estos muchachos tienen un taller ilegal donde reparan muebles, y otros enseres domésticos. Dicho taller, está ubicado en la casa de los abuelos de los muchachos, a solo unas casas de donde viven los cederistas. Como en Cuba no venden al publico ninguna de las materias primas necesarias para la operación de un taller, estos muchachos no les queda otro remedio que comprarlas en el mercado negro, es decir, que compran el pegamento, las herramientas y todo lo que necesitan de los trabajadores de las fabricas estatales quienes se las roban para luego venderlas a escondidas.
Mi tía me cuenta que tan pronto los muchachos estos abrieron el taller, la gente del CDR dejó de “chivatear” y ahora no se meten en la vida de nadie. Ellos malamente van a alguna que otra reunión, solo para mostrar la cara, pero de ahí no pasan.
Me imagino que esta situación ocurren en toda la isla, ya que cuando el zapato les aprieta, hasta los CDR hacen lo que tengan que hacer para matar el hambre. Otra prueba mas que la ideología no llena las barrigas.
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